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@DalaiLama

@DalaiLama Por Manuel A. Hernández Giuliani Me encontraba solo en la pequeña sala de reuniones del Centro Budista de Caracas haciendo pruebas con el equipo de videoconferencia que les había alquilado, un hermoso Polycom modelo V700. El equipo estaba conectado —vía enlace banda ancha y una red privada virtual o VPN por sus siglas en inglés—, con un lugar desconocido para mí llamado Dharamsala en la India. Esperaba por mí interlocutor al otro lado del equipo para realizar las pruebas de audio y vídeo.

Mundo fugaz

Mundo fugaz Por Manuel A. Hernández Giuliani A pesar de lo iluminada por el sol, la habitación tenía una atmósfera pesada, en general de colores pasteles que deja ver la melancolía con que estaba decorada, la ventana con una cortina estilo rococó abierta de par en par de color blanco translúcido, dejaba ver las ruinas de una catedral abandonada hacía muchos años. A pesar de no tener alguna nube que manchara al cielo, la habitación seguía deprimente.

Soy carboadicto

Soy carboadicto Por Manuel A. Hernández Giuliani Airbus A320 con destino a Sao Paulo, otro viaje de trabajo, busco la fila diecinueve asiento F. Me tocó de vecino una persona con obesidad mórbida, ¡por supuesto que soy tolerante ante esta condición!, yo mismo sufro de sobrepeso a un límite muy estrecho con la obesidad. Sólo que esta persona me recuerda mi naturaleza. 

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Un día común en el trabajo

Un día común en el trabajo Por Manuel A. Hernández Giuliani —Aló, soporte técnico buen día le habla Víctor para servirle. —Sí con gusto, dígame su nombre y explíqueme la situación. —¿El servidor no funciona? Me puede repetir el nombre que no le encuentro en el sistema. —¿Pancho? ¿Con ese nombre apareces en el directorio? No, dígame por favor con cuál nombre aparece en el directorio.

El día que conocí al Presidente

El día que conocí al Presidente Por Manuel A. Hernández Giuliani Un día cualquiera de mi época de estudiante universitario recibí una llamada telefónica de mi padre. Luego de los saludos habituales me pregunta si me encontraría ocupado lo que restaba de semana, era miércoles. Le conté sobre mi larga lista de actividades pendientes para la semana. En medio de mi explicación me dice: “hijo, ¿quiéres conocer al presidente?”.

Testimonio

Mis demonios me persiguen; me exigen cosas que están fuera de mis habilidades. Todo inició el día que me reventaron el vidrio del vehículo; uno que tenía asignado por la compañía donde laboro. Una bala calló del cielo sobre el vidrio del vehículo cuando estaba estacionado y yo en la oficina. Dejaron una nota al lado de la bala que reposaba plácidamente entre los limpiaparabrisas. Decía con caligrafía forzada y de difícil lectura “escribe de mi o el próximo eres tú”. Dejó su firma, el muy desgraciado dejó su huella, firmó TEC . Fui a los organismos policiales sin tener éxito. Nada podían o querían hacer; nadie había muerto y el parabrisas me lo arreglaba el seguro.